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¿Cuidamos nuestros dientes mejor que hace unas décadas?

La manera en la que cuidamos nuestra boca ha cambiado mucho con el paso del tiempo. Hoy resulta completamente normal encontrar varios tipos de cepillos de dientes en cualquier supermercado, elegir entre diferentes dentífricos, utilizar hilo dental o cepillos interdentales y acudir al dentista aunque no sintamos ningún dolor. Son hábitos que tenemos bastante interiorizados, aunque no siempre hayan formado parte de nuestra vida cotidiana de la misma manera. Hace unas décadas, para muchas personas la visita al dentista estaba mucho más relacionada con solucionar un problema que ya había aparecido que con intentar evitarlo, mientras que actualmente hablamos continuamente de prevención, revisiones y conservación de nuestros propios dientes.

Eso no significa que ahora tengamos una salud bucodental perfecta. Seguimos teniendo caries, enfermedades de las encías, pérdida de piezas y otros problemas, además de mantener hábitos que no ayudan precisamente a nuestra boca. Consumimos productos ricos en azúcar, tomamos bebidas ácidas, algunas personas fuman y muchas veces realizamos el cepillado rápidamente porque tenemos prisa. Lo que sí parece haber cambiado es la información disponible y nuestra percepción sobre la importancia de conservar una boca saludable. Sabemos mucho más sobre cómo determinadas costumbres pueden afectar a nuestros dientes y contamos con herramientas que permiten detectar problemas que anteriormente podían descubrirse cuando ya estaban bastante avanzados.

De acudir cuando dolía a intentar prevenir el problema

Durante mucho tiempo ha existido una relación bastante directa entre dolor y dentista. Si una muela comenzaba a molestar, buscábamos una solución. Si aparentemente todo estaba bien, podíamos pasar mucho tiempo sin realizar una revisión. Esa manera de entender la salud dental tenía una consecuencia evidente, muchos problemas se descubrían cuando ya habían avanzado lo suficiente como para producir síntomas. Una caries pequeña puede no provocar molestias y determinadas enfermedades de las encías pueden desarrollarse progresivamente, por lo que utilizar únicamente el dolor como señal de alarma deja fuera muchos cambios que ocurren silenciosamente.

La prevención ha ido ganando importancia precisamente porque permite cambiar ese planteamiento. Actualmente, sabemos que una revisión no sirve solamente para buscar caries, sino para observar el estado de los dientes, las encías, las restauraciones existentes, la mordida y otros aspectos de la boca. Si aparece un cambio, puede estudiarse antes de que necesariamente provoque un problema importante. Esto tampoco significa que cualquier pequeña alteración necesite un tratamiento inmediato, ya que precisamente una valoración permite diferenciar aquello que simplemente debemos controlar de lo que necesita alguna intervención.

El objetivo actual está mucho más relacionado con conservar que con sustituir. Cuando una pieza presenta un problema, se intenta valorar qué posibilidades existen para mantenerla siempre que sea viable, mientras que la prevención busca reducir la probabilidad de llegar a situaciones más complejas. Esta forma de pensar también nos hace responsables de nuestros hábitos diarios, porque entendemos que el cuidado de la boca no ocurre únicamente durante los minutos que pasamos en una consulta, sino todos los días en nuestra casa.

El cepillo de dientes también ha evolucionado

El cepillo continúa siendo una de las herramientas fundamentales para nuestra higiene diaria, pero ha cambiado considerablemente. Actualmente, podemos encontrar cepillos manuales con diferentes tamaños y tipos de filamentos, modelos eléctricos con sensores de presión, temporizadores y distintos movimientos, además de dentífricos formulados para necesidades concretas. Sin embargo, disponer del cepillo más moderno no garantiza automáticamente una buena higiene si lo utilizamos mal o nos olvidamos de determinadas zonas.

La técnica continúa siendo importante. Muchas veces creemos que cepillarnos con mucha fuerza significa limpiar mejor, cuando una presión excesiva no proporciona necesariamente mejores resultados. También podemos dedicar bastante tiempo a los dientes delanteros porque son fáciles de alcanzar y pasar demasiado rápido por las piezas posteriores o por la zona cercana a la encía. Algo parecido ocurre con el tiempo de cepillado. Cuando tenemos prisa, dos minutos pueden parecernos muchísimo más largos de lo que realmente son y terminamos haciendo un recorrido rápido que deja zonas sin limpiar correctamente.

La gran diferencia respecto a otras épocas es que hoy tenemos mucha más información a nuestro alcance. Podemos aprender cómo utilizar correctamente un cepillo, conocer para qué sirven los sistemas de limpieza interdental y recibir recomendaciones adaptadas a nuestra propia boca. Esto último es especialmente importante porque no todos necesitamos exactamente los mismos productos. Una persona con ortodoncia, otra con implantes y otra con determinados problemas de encías pueden necesitar rutinas diferentes.

El flúor cambió nuestra manera de prevenir la caries

Cuando hablamos de los grandes avances en salud dental, podemos imaginar máquinas sofisticadas, pero algunos cambios decisivos se encuentran en productos tan cotidianos como el dentífrico. El flúor tiene un papel importante en la prevención de la caries porque contribuye a proteger el esmalte frente a los procesos de desmineralización que se producen en nuestra boca. Actualmente forma parte de muchos dentífricos y su utilización cotidiana ha convertido la prevención en algo que podemos realizar cada mañana y cada noche sin pensar demasiado en toda la ciencia que existe detrás.

La Organización Mundial de la Salud señala que una exposición adecuada al flúor es fundamental para prevenir la caries y recomienda el cepillado dos veces al día con un dentífrico que contenga entre 1000 y 1500 partes por millón de flúor. Esta recomendación ayuda a entender hasta qué punto el cuidado moderno de los dientes se basa en pequeñas acciones repetidas constantemente. No necesitamos realizar algo extraordinario cada día, pero sí mantener unos hábitos adecuados durante años.

También hemos aprendido que la caries no depende exclusivamente de si nos cepillamos o no. La frecuencia con la que consumimos determinados azúcares, nuestra higiene, la exposición al flúor y otras circunstancias influyen en el riesgo. Por eso actualmente hablamos de prevención desde una perspectiva más completa. El cepillado sigue siendo fundamental, pero debemos acompañarlo de otros hábitos relacionados con la alimentación y las revisiones.

La tecnología permite conocer nuestra boca de otra manera

Hace años, los procedimientos de diagnóstico y planificación dependían de herramientas más tradicionales y, aunque muchas de ellas continúan teniendo utilidad, la digitalización ha añadido nuevas posibilidades. Las imágenes digitales, los escáneres y los programas informáticos permiten analizar determinadas estructuras desde perspectivas diferentes y almacenar información que puede utilizarse para comparar la evolución de un paciente. En algunos tratamientos también podemos visualizar previamente determinados movimientos o planificar con bastante detalle los pasos que se seguirán.

Esta transformación tecnológica no debería hacernos pensar que las máquinas sustituyen la valoración profesional. Ocurre más bien lo contrario. La tecnología proporciona información adicional que después debe interpretarse teniendo en cuenta las características de cada persona. Dos bocas aparentemente similares pueden presentar necesidades diferentes, por lo que disponer de más datos puede ayudar a realizar una planificación individualizada en lugar de aplicar exactamente el mismo planteamiento a todos los pacientes.

En referencia a ello, Clínica Dental Manuel Tomillo aclara que actualmente la odontología dispone de diferentes herramientas que permiten estudiar la boca y planificar determinados tratamientos con mayor información, incorporando recursos digitales como el escaneado 3D en algunos procedimientos. Estas tecnologías pueden utilizarse, por ejemplo, en la planificación de tratamientos de ortodoncia, donde obtener una representación de la dentadura ayuda a estudiar la posición de las piezas y los cambios que se quieren realizar. Es una muestra de cómo la evolución de la odontología no se encuentra solamente en los tratamientos, sino también en la manera de obtener información antes de llevarlos a cabo.

La higiene interdental ha dejado de ser una gran desconocida

Durante años hemos relacionado prácticamente toda la higiene bucal con el cepillo de dientes, pero existen superficies a las que sus filamentos tienen dificultades para acceder correctamente. Los espacios entre las piezas son un ejemplo evidente. Podemos realizar un buen cepillado y aun así dejar placa en determinadas zonas interdentales, especialmente cuando existen espacios muy estrechos o características particulares en nuestra dentadura.

Actualmente conocemos mejor herramientas como el hilo dental y los cepillos interdentales. No significa que todo el mundo deba utilizar exactamente el mismo sistema, ya que la elección depende del espacio existente entre los dientes y de las características de cada boca. Lo importante es haber comprendido que la higiene no termina necesariamente cuando dejamos el cepillo sobre el lavabo.

Algunas acciones básicas que hoy forman parte de una rutina de cuidado mucho más completa son:

  • Cepillarnos correctamente dos veces al día.
  • Utilizar un dentífrico con una concentración adecuada de flúor.
  • Prestar atención a la limpieza entre los dientes.
  • Evitar cepillarnos siempre con demasiada fuerza.
  • Limpiar con cuidado las zonas donde se acumula placa con mayor facilidad.
  • Mantener limpios los aparatos de ortodoncia o prótesis cuando los utilizamos.
  • Sustituir el cepillo o el cabezal cuando se encuentra deteriorado.
  • Consultar qué sistema de higiene resulta más adecuado para nuestra boca.

Lo interesante es que muchas de estas acciones son sencillas y no necesitan tecnología especialmente compleja. En ocasiones, cuidar mejor nuestra boca no significa comprar más productos, sino aprender a utilizar correctamente aquellos que realmente necesitamos.

Los niños empiezan a cuidar su boca mucho antes

Otro cambio importante se encuentra en la infancia. Actualmente, existe una mayor conciencia sobre la necesidad de cuidar los dientes desde que aparecen las primeras piezas y de no considerar los dientes de leche como algo sin importancia simplemente porque terminarán cayéndose. Cumplen funciones durante una etapa fundamental del crecimiento y también pueden desarrollar caries y otros problemas.

Además, los hábitos adquiridos durante los primeros años pueden acompañarnos durante mucho tiempo. Un niño que aprende a cepillarse correctamente, comprende por qué no conviene abusar continuamente de productos azucarados y se acostumbra a las revisiones, probablemente tendrá una relación diferente con el cuidado dental cuando llegue a la edad adulta.

Aquí también intervienen las familias. Los niños necesitan supervisión y ayuda durante una parte de su desarrollo, por lo que la educación bucodental no debería dirigirse únicamente a ellos. Enseñar buenos hábitos en casa puede tener tanta importancia como explicar posteriormente cómo solucionar un problema que ya ha aparecido.

Tenemos más información, pero también mucha desinformación

Internet ha cambiado radicalmente nuestra manera de informarnos sobre salud. En cuestión de segundos podemos buscar por qué nos sangra una encía, qué significa una mancha en un diente o cuánto dura un determinado tratamiento. Esta facilidad tiene ventajas enormes, pero también ha provocado que circulen remedios caseros, recomendaciones sin fundamento y contenidos que prometen resultados imposibles.

Uno de los ejemplos más evidentes aparece en la estética dental. Podemos encontrar métodos caseros para blanquear los dientes utilizando productos abrasivos o sustancias que no han sido pensadas para ese uso. El hecho de que una publicación acumule miles de visualizaciones no convierte automáticamente su consejo en seguro. Con la salud bucodental ocurre lo mismo que con cualquier otra cuestión sanitaria, debemos valorar de dónde procede la información.

Entonces, ¿realmente cuidamos mejor nuestros dientes?

Si observamos las herramientas disponibles, la respuesta parece bastante clara. Disponemos de mejores productos de higiene, conocemos la importancia del flúor, tenemos técnicas de diagnóstico más avanzadas, existen tratamientos menos invasivos y entendemos mucho mejor el papel de la prevención. También hemos normalizado las revisiones, prestamos mayor atención a las encías y ya no asumimos que perder dientes sea una consecuencia inevitable de cumplir años.

Sin embargo, disponer de todos esos recursos no significa utilizarlos siempre correctamente. Las enfermedades bucodentales siguen siendo extraordinariamente frecuentes en todo el mundo y muchos problemas continúan relacionados con factores modificables como la higiene deficiente, el consumo frecuente de azúcares o el tabaco. Además, el acceso a la atención dental sigue siendo desigual, por lo que hablar de avances tecnológicos no debería hacernos olvidar que no todas las personas pueden beneficiarse de ellos de la misma manera.

La respuesta más razonable es que sí hemos aprendido a cuidar mejor nuestros dientes, pero todavía podemos hacerlo mucho mejor. Tenemos más conocimientos que hace unas décadas y muchas más posibilidades para conservar nuestra boca saludable durante toda la vida. Ahora el reto consiste en convertir ese conocimiento en hábitos cotidianos, porque al final la mayor parte del cuidado dental continúa ocurriendo lejos de cualquier tecnología sofisticada, delante del espejo de nuestro baño, cuando cogemos el cepillo y dedicamos unos minutos a una parte de nuestro cuerpo que merece bastante más atención de la que a veces le damos.

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