Me presento, soy Ramón y llevo más de treinta años al volante. Soy de los que he visto amanecer miles de veces desde la cabina de mi camión, he cruzado España de norte a sur y de este a oeste. De lo que ha parado en cientos de estaciones de servicio, y de los que, lo reconozco, alguna noche he pasado miedo.
Ahora bien, si algo puedo decir con certeza, es que el mundo del transporte no es ni de lejos el mismo que conocí cuando empecé. Como se suele decir los que tenemos una edad, “ya nada es como antes”, y es cierto. Antes todo era más rudimentario, más manual, más incierto. Hoy, gracias a la tecnología, trabajamos de otra forma. Pero sí es cierto que trabajo más seguro, más preciso y, sobre todo, más conectado.
Mi primera vez
Aunque pueda sonar a historias de abuelo cebolleta, recuerdo mis primeros viajes como si fuera ayer. Tenía un mapa de papel que se abría como una sábana y una libreta donde anotaba las entregas. Todavía me da la risa cuando pienso en ello.
Si había un atasco o un desvío, lo sabía cuando ya era demasiado tarde. Si se estropeaba el camión, avisar al jefe era una odisea. No existían los móviles, ni los GPS, ni las aplicaciones que ahora nos acompañan a diario. Era una conducción intuitiva, y es cierto, que de rezar al cielo.
Con los años, llegaron los primeros teléfonos móviles, luego los navegadores, y poco a poco el camión empezó a parecerse más a una oficina sobre ruedas. Hoy llevo una pantalla donde puedo ver la ruta, el tráfico en tiempo real y hasta las áreas de descanso disponibles. Si hay un corte de carretera, el sistema recalcula automáticamente. Si me retraso, el cliente lo sabe al momento. Antes eso era impensable.
Ahora llegamos antes a los sitios, pero también lo hacemos de una manera más sencilla y cómoda, y eso se agradece cuando tienes que hacer tantos y tantos kilómetros en carreteras que nunca has conocido.
Por eso es de agradecer que las empresas hayan apostado por la tecnología para ganar eficiencia y cuidar mejor la mercancía. Un buen ejemplo nos lo cuentan desde Transportes Alonso, donde toda la flota está equipada con tecnología GPS.
Así, gracias a eso, se puede hacer un seguimiento completo de cada camión. Puedes saber dónde está, a qué velocidad circula y, lo más importante, conocer la temperatura de la carga en cada momento.
Tengo que reconocer, y soy sincero, que cuando empecé en este sector, controlar la temperatura era casi una misión imposible, me sentía como Tom Cruise. Había termómetros manuales y se revisaban solo al cargar y descargar. Si algo fallaba en mitad del camino, no lo sabías hasta que era demasiado tarde. Hoy, con un simple clic desde la central, se puede ver la temperatura exacta dentro del remolque y ajustar lo necesario. Eso nos da tranquilidad a los conductores y seguridad a los clientes.
La comunicación
También ha cambiado mucho la comunicación. Antes pasábamos horas sin hablar con nadie, más allá de la radio del camión. Ahora estamos siempre conectados. La empresa puede mandarnos mensajes con nuevas instrucciones, o avisarnos de un cambio de ruta en segundos. Incluso los descansos están mejor organizados: las aplicaciones te dicen dónde hay áreas con duchas, restaurantes abiertos o aparcamientos vigilados. Todo eso hace que la vida en la carretera sea más llevadera.
Además, la digitalización ha cambiado el modo en que se gestionan los viajes. Los papeles casi han desaparecido. Las órdenes de carga, los albaranes o los partes de entrega se firman en una tableta. Todo queda registrado y enviado al instante. Esto ahorra tiempo, reduce errores y evita montones de papeleo. Los que llevamos años en esto todavía nos sorprende lo rápido que ha cambiado todo.
Eso sí, no todo es perfecto. A veces tanta tecnología puede resultar abrumadora. Si se estropea el sistema, te sientes un poco perdido. Y hay que reconocer que la cercanía que teníamos antes con algunos clientes o con los compañeros de ruta se ha perdido un poco. Ahora todo es más automatizado, más medido. Pero al final, cuando uno entiende que todo esto es para mejorar el servicio y hacer el trabajo más seguro, se agradece.
Sigo disfrutando de la carretera como el primer día. Cada viaje es distinto, cada entrega tiene su historia. Pero ahora conduzco con la tranquilidad de saber que detrás hay un equipo, una red de sistemas y herramientas que hacen mi trabajo más fácil. El mundo del transporte ha cambiado, sí. Y aunque echo de menos algunas cosas del pasado, me alegra formar parte de esta nueva era, donde los camiones no solo transportan mercancías, sino también tecnología y progreso.

