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La tradición del tapizado artesanal y su influencia en el mobiliario actual.

Hay algo en los muebles tapizados que va mucho más allá de sentarse y ya está, y es que cuando te apoyas en un sofá bien hecho o pasas la mano por el respaldo de una butaca notas si detrás hay oficio, paciencia y conocimiento acumulado durante años, o si simplemente se ha buscado salir del paso. El tapizado artesanal lleva siglos acompañando a las casas, adaptándose a cada época y a cada forma de vivir, y aunque hoy convivimos con muebles producidos en serie, esa tradición sigue muy presente, afectando a cómo se diseñan, se fabrican y se valoran los muebles actuales. Entender de dónde viene y cómo ha ido evolucionando ayuda a mirar el mobiliario con otros ojos, apreciando detalles que muchas veces pasan desapercibidos pero que marcan la diferencia en el día a día.

De oficio transmitido a base del uso diario.

El tapizado artesanal no nace en talleres modernos ni en fábricas automatizadas, sino en espacios donde se aprendía mirando y haciendo, repitiendo gestos una y otra vez hasta que salían casi sin pensar, y es que durante generaciones el oficio se ha transmitido de manera práctica, de maestro a aprendiz, sin manuales ni instrucciones cerradas. Cada región tenía sus formas, sus materiales preferidos y sus pequeños trucos, que se iban puliendo con el uso diario y con la experiencia acumulada tras tapizar cientos de sillas, sillones y divanes.

En ese aprendizaje continuo, el error también formaba parte del proceso, ya que una costura mal tensada o un relleno poco equilibrado se notaban en cuanto alguien se sentaba, por eso se afinaba tanto el ojo y el tacto. Con el paso del tiempo, esa manera de trabajar fue creando una base sólida que hoy sigue siendo referencia, incluso cuando se emplean materiales actuales o herramientas más modernas. El fondo del asunto sigue siendo el mismo, conseguir que el mueble resulte cómodo, duradero y agradable al uso, sin depender de soluciones rápidas que se deterioran en poco tiempo.

Además, ese carácter artesanal hacía que cada pieza tuviera su personalidad, ya que aunque dos sillones parecieran iguales a simple vista, siempre había pequeñas diferencias fruto de la mano que los había trabajado. Esa singularidad es algo que hoy se valora mucho, sobre todo en un entorno donde casi todo es idéntico y repetido, y por eso la tradición del tapizado sigue despertando interés, especialmente entre quienes buscan muebles con historia y con una sensación más cercana.

Materiales, técnicas y el valor del tiempo.

Uno de los aspectos que más influyen en el tapizado artesanal es la elección de materiales, ya que durante mucho tiempo se trabajó con lo que había cerca y con lo que demostraba aguantar el uso continuo, como fibras naturales, crines, algodones o lanas, combinados con estructuras de madera maciza que aportaban estabilidad y resistencia. Nada se elegía al azar, puesto que cada material cumplía una función concreta dentro del conjunto y se colocaba en capas bien pensadas, teniendo en cuenta cómo iba a reaccionar con el peso del cuerpo, con los movimientos diarios y con el paso de los años. Por eso el proceso no se podía acelerar sin que el resultado se resintiera, ya que saltarse un paso o reducir tiempos solía traducirse en un mueble incómodo o con una vida útil mucho más corta.

Las técnicas empleadas también tenían mucho que ver con esa forma pausada de trabajar, donde coser a mano, tensar cinchas o repartir rellenos se hacía con calma y observando constantemente el comportamiento del material. El tiempo es un factor fundamental en este tipo de trabajo, porque ajustar bien una tela o equilibrar un asiento requiere atención y experiencia, algo que hoy puede parecer incompatible con los ritmos actuales, pero que sigue teniendo sentido cuando se busca una calidad que se note con el uso diario. Esa manera de trabajar ha influido directamente en el mobiliario actual, ya que muchos diseños modernos toman como base estructuras, proporciones y soluciones que vienen de ahí, aunque luego se adapten a estilos más ligeros o a tejidos actuales.

Un ejemplo sencillo para entenderlo es el de una silla tapizada con mimo frente a otra más básica, ya que en la primera el asiento mantiene su forma tras años de uso, mientras que en la segunda acaba hundiéndose o deformándose al poco tiempo, afectando a la comodidad y a la postura. Esa diferencia no está solo en el aspecto exterior, sino en todo lo que no se ve, en cómo se han colocado las capas internas, en el orden del trabajo y en el cuidado puesto durante todo el proceso, algo que el tapizado artesanal ha sabido hacer siempre y que sigue marcando la pauta en muchos muebles actuales.

La adaptación al diseño y a las casas de hoy.

Aunque pueda parecer que el tapizado artesanal pertenece al pasado, lo cierto es que ha sabido adaptarse muy bien a las formas de vivir actuales, influyendo en el diseño de muebles que encajan perfectamente en pisos modernos y espacios más reducidos. Hoy se buscan piezas que sean cómodas pero también prácticas, fáciles de integrar y que no resulten pesadas visualmente, y ahí es donde muchas técnicas tradicionales se reinterpretan para responder a estas demandas.

Los diseñadores actuales miran mucho a ese saber hacer antiguo, sobre todo cuando se trata de conseguir acabados limpios, costuras discretas y proporciones equilibradas, y es que aunque cambien las líneas o los colores, la base sigue siendo la misma. Al mismo tiempo que se introducen tejidos técnicos o tratamientos más actuales, se mantienen formas de trabajar que aseguran un buen resultado a largo plazo, evitando problemas comunes como arrugas, tensiones mal repartidas o desgastes prematuros.

En este punto, los profesionales de Pérez Burgos e Hijos suelen señalar la importancia de respetar las técnicas de tapizado tradicionales incluso cuando se trabaja con diseños actuales, ya que esa combinación entre oficio y adaptación permite que los muebles respondan mejor al uso diario y envejezcan de forma más natural. Esa visión encaja muy bien con la tendencia actual de valorar lo bien hecho y lo que dura, frente a lo rápido y desechable.

Reparar, reutilizar y dar nueva vida a los muebles.

Otro de los aspectos donde la tradición del tapizado artesanal tiene una influencia clara es en la forma de entender la vida útil de los muebles, ya que antes no se tiraba un sofá o una butaca por el simple hecho de que la tela estuviera gastada. Se retapizaba, se ajustaba el relleno y se reparaban las partes necesarias, consiguiendo que la pieza siguiera siendo útil durante muchos años más, algo que hoy vuelve a cobrar sentido por motivos económicos y también por una mayor conciencia sobre el consumo.

Este enfoque invita a mirar los muebles de otra manera, ya que una buena estructura tapizada de forma artesanal puede adaptarse a distintos estilos simplemente cambiando el tejido o el acabado, sin necesidad de sustituir todo el mueble. Por eso cada vez más personas optan por retapizar piezas heredadas o muebles que ya tienen en casa, manteniendo su esencia pero adaptándolos a gustos actuales, y es que así se consigue algo único sin renunciar a la comodidad.

Además, esta forma de trabajar fomenta una relación más cercana con los objetos que nos rodean, ya que al conocer su historia y el trabajo que hay detrás se les da más valor y se cuidan mejor. El tapizado artesanal, en este sentido, aporta una forma de entender el mobiliario más pausada y consciente, donde el tiempo y el uso forman parte del proceso natural del mueble, en lugar de verse como un problema.

El interés creciente por lo bien hecho y cercano.

En los últimos años se nota un interés creciente por todo lo que tenga que ver con oficios tradicionales, y el tapizado no es una excepción, sobre todo entre gente joven que busca diferenciarse y rodearse de objetos con personalidad. Frente a la uniformidad de muchos muebles producidos en masa, el tapizado artesanal ofrece una alternativa más personal, donde se pueden elegir tejidos, colores y acabados que encajen de verdad con cada espacio y cada forma de vivir.

Este interés no viene solo por una cuestión estética, sino también por la experiencia de uso, ya que un mueble bien tapizado se nota en el día a día, tanto al sentarse como al ver cómo envejece con el paso del tiempo. Esa sensación de solidez y cuidado conecta con una forma de consumir más reflexiva, donde se prioriza la calidad frente a la cantidad, y donde se entiende que un buen mueble puede acompañarte durante muchos años.

Todo esto hace que la tradición del tapizado artesanal siga teniendo un peso importante en el mobiliario actual, influyendo en cómo se diseñan las piezas, en cómo se valoran los materiales y en la relación que se establece con los objetos del hogar. Lejos de quedarse anclada en el pasado, esta forma de trabajar sigue evolucionando, adaptándose a nuevas necesidades sin perder ese fondo cercano y humano que la ha definido siempre.

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