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Telones y cortavientos luchar contra las restricciones en la hostelería

El coronavirus ha puesto en entredicho a la economía española, que ha salido mal parada después de muchos meses en los que se ha visto sometida a las restricciones que ha sido necesario imponer a causa de la expansión de la epidemia. Especialmente horrible ha sido la situación para los pequeños negocios, que se han visto obligados en muchos casos a cerrar sus puertas de manera definitiva, con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo y, por ende, de riqueza para la economía española. No es una situación fácil y todos y todas lo sabemos.

Todos los sectores han sufrido las consecuencias de la crisis económica ocasionada a raíz de la pandemia, pero ha habido uno que ha sido el más castigado con bastante diferencia. Hablamos, como seguro que estáis imaginando, de la hostelería. Ha sido el que más restricciones ha tenido que soportar desde el inicio del primer Estado de Alarma y está claro que eso ha tenido un impacto muy negativo en lo que tiene que ver con su capacidad para sacar adelante el día a día. Y eso que los españoles somos muy dados a reunirnos en un bar.

Como es lógico, muchos de estos negocios se han visto obligados a reinventarse para no tener que enfrentarse a una muerte anunciada. Y lo han hecho a través de una de las herramientas que les ha permitido aumentar su aforo: las terrazas. No todos los negocios han podido disponer de una de ellas hasta que ha llegado el coronavirus. Con la llegada del invierno, los bares y restaurantes se han visto obligados a no tener que depender de sus espacios interiores para sobrevivir. Eso, desde luego, hubiese sido inviable para prácticamente todos y cada uno de ellos. Hubiese sido un desastre en toda regla.

Una noticia que fue publicada en el portal web de eldiario.es, en concreto en el apartado conocido como Somos Chamberí, indicaba que los bares y restaurantes iban a poder usar calles cerradas al público para instalar sus terrazas, algo que ha sido necesario para salvar muchos negocios relacionados con el sector y también una enorme cantidad de puestos de trabajo. No cabe la menor duda de que, de no haber sido por eso, hubiese sido imposible que uno de los sectores más representativos de nuestra economía se salvara de la quema ocasionada por la pandemia.

Un artículo publicado a finales de abril por el medio ABC indicaba, por su parte, que los bares y restaurantes iban a volver al 30% de su aforo tras el confinamiento. Desde luego, durante todos los meses que han pasado desde el final del confinamiento no ha crecido ese porcentaje en muchos momentos, teniendo que mantenerse en todo momento una severa restricción en el acceso de las personas a los establecimientos y no pudiendo crecer, de este modo, el conjunto de posibilidades de negocio de las empresas de restauración y hosteleras a lo largo de este año. Una verdadera lástima.

Los negocios de hostelería se han visto obligados a reinventarse tras el confinamiento. Muchos de ellos han tenido que apostar por instalar una terraza, algo que no se habían planteado nunca y que en invierno no solía ser habitual en sus ubicaciones. Desde Rolltec nos han informado de que ha crecido de un modo exponencial, entre los hosteleros, la demanda de toldos y cortavientos con el fin de que sus terrazas sigan siendo lugares apetecibles para el invierno y ver así ampliado el aforo máximo permitido en sus instalaciones. Es la alternativa más común para luchar contra la crisis económica y sanitaria en el sector.

Una inversión rentable

Son varias las cuestiones que hacen que la contratación de toldos o cortavientos sea rentable en los tiempos que corren para los negocios dedicados a la hostelería. Por un lado, es evidente que la ampliación de ese aforo del que hablamos nos permitirá rentabilizar la inversión. Por otra parte, a nadie le cabe la menor duda de que nos quedan algunos meses de restricciones, por lo que la inversión de la que hablamos se rentabilizará prácticamente con el simple paso del tiempo. Analizando estas cuestiones, la verdad es que no nos extraña que se hayan puesto de moda, más si cabe, estos elementos.

Estamos convencidos de que, más tarde o más temprano, saldremos de una situación como la que nos ha tocado vivir en este fatídico 2020. Lo que está claro es que los hosteleros españoles, en su inmensa mayoría, han sabido adaptarse a las demandas de la nueva normalidad y han encontrado vías para luchar por sus negocios en su entorno tan complicado. Y es necesario que esta labor se reconozca, porque la verdad es que el mérito es mucho y el valor, todavía más. La hostelería es, desde luego, uno de los grandes orgullos de esta nación.

 

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