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Niño con móvil

El uso abusivo del móvil reduce el rendimiento escolar.

Varios estudios señalan que el uso abusivo de los dispositivos electrónicos por parte de los niños y adolescentes baja el rendimiento académico en los centros educativos. Un tema candente que está encima de la mesa y que involucra a los padres, a la comunidad docente y a los poderes públicos.

Un estudio publicado en Revistas UAM analiza la influencia del móvil en las notas escolares de alumnos de primaria de Cataluña. El estudio se ha realizado partiendo de una encuesta a más de 11.000 estudiantes y a sus familias, empleando técnicas estadísticas no paramétricas.

El uso frecuente del móvil, y otros dispositivos electrónicos como las tablets, especialmente antes de irse a dormir, durante las comidas o en momentos de interacción social, tiene un efecto negativo en el rendimiento de los estudiantes. Esto se refleja en bajas notas académicas o en un empeoramiento de las mismas.

Al parecer, estos dispositivos móviles dificultan el descanso, la concentración, afectan al proceso de aprendizaje y merman las habilidades sociales.

Los niños utilizan el móvil con frecuencia a partir de los 4 o 5 años. A los 10 años, la mayoría de ellos ya tienen un móvil propio. Usan el móvil para ver vídeos, para jugar a videojuegos, para chatear en mensajería instantánea y para introducirse en las redes sociales.

Para los padres, los dispositivos móviles son una solución fácil para mantener entretenidos a los niños. Mientras los padres están trabajando o atendiendo asuntos personales, entregan su móvil a su hijo y este ya no reclama su atención. Lo que parece un gesto cotidiano, está creando más problemas en nuestros hijos que beneficios.

El uso de las nuevas tecnologías puede ser positivo para los niños, pero depende del contexto, la finalidad para la que se emplee y la cantidad de horas de uso.

La limitación por edad en Redes Sociales.

El gobierno español está preparando el anteproyecto de la Ley Orgánica de Protección del Derecho al Honor, la Intimidad Familiar y Personal y la Propia Imagen, que se espera poder ser aprobado en el Congreso de los Diputados en marzo del 2026 y que como explica la agencia de noticias Europa Press, la medida central es prohibir el acceso a las Redes Sociales a los menores de 16 años. Medidas de este tipo ya se han aplicado en países como Australia.

El ejecutivo español ejerce presión sobre las empresas propietarias de las Redes Sociales. Son ellas las que deberán adoptar medidas para impedir el acceso de los menores de 16 años a sus plataformas. Y, por supuesto, para evitar que se creen perfiles de niños y adolescentes.

Esta medida tiene una eficacia cuestionable. Desde hace años, en el acceso de contenido para adultos en internet se impusieron mecanismos de control de edad que los menores, en los hechos, pueden sortear con relativa facilidad.

Por otro lado, según algunos expertos, el blanco fijado por el gobierno es erróneo. Corresponde a los padres y tutores, y no tanto a las plataformas digitales, controlar lo que ven o no los niños en internet. Y cómo actúan en la red.

Los fabricantes de teléfonos móviles y los desarrolladores informáticos han creado mecanismos digitales como los controles parentales que bloquean determinadas URL, pero esto es como delegar en las máquinas una tarea que deberían realizar los padres de manera directa.

Por otro lado, las Redes Sociales son solo una pequeña parte del problema. El dilema se sitúa en qué edad es la adecuada para que los niños utilicen estos dispositivos electrónicos, cuánto tiempo deben usarlo y qué contenido concreto pueden consumir. No olvidemos que un video, o cualquier archivo, no apropiado para menores se pueden difundir masivamente por mensajería instantánea sin que el niño haya entrado en la plataforma digital.

¿Cuándo debe un niño usar el móvil?

El psicólogo Alberto Soler Carrión opina que los niños deberían usar el móvil a partir de los 7 u 8 años, pero en situaciones concretas y un tipo de móvil determinado.

El móvil es recomendable cuando el niño se queda algún tiempo solo en casa, tiene que hacer alguna actividad extraescolar (ir a una academia, participar en actividades deportivas, etc.) o cuando tiene que hacer algún recado. El teléfono móvil, en estos casos, es útil, para poderse comunicar con los padres.

El teléfono móvil que deberían usar en estas circunstancias sería un móvil antiguo. De esos que permiten hacer llamadas y enviar mensajes. Pero no un móvil de nueva generación, con acceso a internet, y que en realidad es un ordenador de bolsillo.

Soler resalta que el primer contacto con la pornografía en España se efectúa, de media, a los 8 años y que se realiza a través del teléfono móvil. Este dato pone de manifiesto lo pernicioso que puede ser el móvil para los niños.

Entre los 3 y 6 años, una edad en la que los padres solemos dejar nuestro móvil a los pequeños para que se entretengan, el tiempo de uso por parte del menor no debería ser superior al de una hora al día. Siempre, bajo control directo de los padres.

Aunque los psicólogos señalan que hay que tener en cuenta la madurez de cada niño, la edad adecuada para que un niño tuviera su propio móvil serían los 14 años, aunque hay que intentar retrasar esa edad lo máximo posible.

A esa edad, también debe haber un control claro del uso de los móviles. Fijando un horario límite para utilizarlo, y acordando prohibiciones expresas como comer con el móvil encima de la mesa o llevarse el móvil a la habitación a la hora de ir a dormir.

Una herramienta de doble filo.

Hace unos años, los institutos y algunos colegios en los últimos cursos de primaria, apostaron por el uso del ordenador y los dispositivos electrónicos como un recurso educativo. Hoy, se tiende a prohibir la entrada de los móviles en clase.

La informática e internet son herramientas valiosas para la enseñanza. Con internet, sabiendo filtrar las fuentes, tenemos un acceso a la información, como no habíamos tenido en la vida. Podemos documentarnos con más precisión y rapidez que si estuviéramos estudiando en la mejor biblioteca del mundo. Y lo mejor de todo, es accesible para todo el mundo.

Los medios digitales son útiles para compartir materiales educativos y para implementar una comunicación fluida y bidireccional entre los docentes y sus alumnos y entre los estudiantes entre sí, para desarrollar el estudio colectivo.

Las nuevas generaciones tienen una habilidad en el uso de las nuevas tecnologías sorprendente. Superior a la que tenemos los adultos. No es extraño, han crecido con ella. Están mejor preparados para los nuevos tiempos de lo que lo estuvimos los padres. Son la generación digital, frente a nosotros, que somos la última generación analógica.

Este es un avance cualitativo al que no podemos renunciar. Ahora sí, el mundo digital es un ecosistema complejo. Ni siquiera los adultos lo utilizamos de manera adecuada. Solo aprovechamos una parte ínfima de todo el potencial que tiene internet. Y los usamos, muchas veces, para cuestiones superficiales. Si lo hacemos nosotros mal, que se supone que somos más maduros e inteligentes, ¿qué podemos esperar que hagan nuestros hijos?

El problema de lo que estamos viendo es que un mal uso de internet y de la tecnología por parte de los niños puede repercutir negativamente en su proceso de aprendizaje.

¿Cómo revertir la situación?

Para afrontar el problema no basta con poner limitaciones y prohibiciones. Cuando las nuevas tecnologías afectan al aprendizaje de los niños hay que estudiar caso por caso.

La orientadora y psicopedagoga Cristina Hormigos, que dirigen un Centro Psicopedagógico en Albacete que aborda diferentes problemas que influyen en el proceso de aprendizaje de los niños, apuesta por la intervención individualizada.

El abuso de las nuevas tecnologías, como otros factores (sociales y personales) que pueden influir en el aprendizaje de los niños, tiene una manifestación diferente en cada individuo. No hay niños listos o tontos. Solo hay niños que les cuestan más aprender que a otros. Niños que pueden verse afectados por elementos que les distraen o les condicionan y que actúan de manera distinta a lo que harían otros niños en las mismas circunstancias. Lo vemos en las familias. Con el mismo entorno familiar, puede haber hermanos que sean mejores estudiantes que otros. Esto no significa que sean más inteligentes.

Desde este planteamiento el primer paso es elaborar un diagnóstico acertado, descubrir cuál es el problema central y detectar las causas. El bajo rendimiento escolar de un niño se puede deber a falta de interés, a una cantidad de tiempo insuficiente dedicada al estudio, a problemas de concentración, a dificultades de comprensión o memorización, etc. Cada problema requiere un tratamiento diferente.

En el tratamiento, el niño adquiere herramientas para resolver ese problema. En el asunto que estamos viendo, la influencia negativa de los dispositivos electrónicos en el aprendizaje, el niño descubrirá otras formas de relacionarse con la gente, de divertirse, de utilizar su tiempo de ocio, y de manejar su relación con la tecnología. Que le va a hacer sentirse más fuerte, más libre y más feliz.

La adicción a las nuevas tecnologías.

Un fenómeno que está apareciendo en toda esta dinámica es la adicción a las nuevas tecnologías. Una dependencia psicológica que es tan preocupante como la adicción a las drogas o la ludopatía.

La Universidad Internacional de La Rioja indica que esta adicción se percibe cuando  una persona utiliza cada vez más los dispositivos tecnológicos, perdiendo poco a poco el poder de gestionar el tiempo y el modo de uso. Así, al mismo tiempo, le crea ansiedad cuando no puede acceder a ellos.

Cuántas veces hemos escuchado a nuestros hijos quejarse porque llegan a un sitio y no hay cobertura o no hay wifi. Sucede, sobre todo, cuando hacemos viajes, en especial a la naturaleza o al entorno rural. Algunos adolescentes, cuando llegan a un sitio nuevo, lo primero que hacen es pedir la clave de internet.

Las redes sociales y los teléfonos móviles inducen a la adicción. Es habitual, si no las anulamos, que en el móvil nos salte una notificación o una alarma sonora cada vez que alguien que seguimos en Redes Sociales publica algo o cuando nos mandan un mensaje por WhatsApp. Hay usuarios que corren como locos a mirarlo como si en ello les fuera la vida.

Piensan que no atender a la alarma de inmediato es como no estar al tanto de lo que está pasando, como quedarse fuera. Cuando lo que en realidad está sucediendo es lo que están viviendo en ese momento, y no lo que pasa en la red social o en internet.

La adicción a las nuevas tecnologías conduce al aislamiento social directo, a desatender las actividades cotidianas y nos produce agotamiento acumulado, ya que se reducen las horas de sueño.

Como sucede con otras adicciones, cuanto más pasa el tiempo, desengancharse es más complicado.

La responsabilidad de los padres.

Para tratar este asunto, los padres solemos pasar la pelota a los poderes públicos, a los educadores o a otros profesionales. Cuando nosotros tenemos una responsabilidad de primer orden.

Ya lo hemos dicho. Es muy fácil darle nuestro teléfono a un niño pequeño y que así no nos moleste. Si nos divorciamos, compramos a nuestro hijo un teléfono móvil, damos la escusa de que es para poder hablar con él y quedamos como el padre “guay”. Si ese abuso del teléfono produce efectos negativos, miramos hacia otro lado.

Es un asunto complicado. No pienso que la solución sea cero móviles, cero tablets, cero consolas. Lo que sí hay que estar es cerca del niño, para enseñarle a que haga un uso responsable.

Lo que más demanda un niño de sus padres es atención, tiempo de estar con él. Esto es precisamente lo que no le damos, o lo hacemos de manera insuficiente. Algo que remplazamos con los dispositivos electrónicos.

El mayor tesoro que podemos regalar a nuestros hijos es nuestro tiempo. No los productos materiales. Esta contradicción se encuentra en la raíz del problema. Es importante asumirlo y ponernos a resolverlo.

 

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