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Comprender la movilidad reducida

Es curioso cómo cambian los términos y los conceptos. Antes, hace unas décadas, una persona con limitaciones físicas era, cuanto menos, un estorbo o una persona llena de frustración por su discapacidad. No se veía a este tipo de personas como personas funcionales y capaces de desenvolverse por sí mismas. Existen casos en los que inevitablemente, una persona con limitaciones de cierto nivel necesita a quien las cuide y apoye.

Actualmente, está totalmente aceptado que existen personas con diferentes limitaciones de movilidad y funcionalidad sin que ello haga necesario el encierro. Son muchas las personas que tienen algún grado de minusvalía y siguen viviendo con total normalidad dentro de sus capacidades. Ahora, además, podemos encontrar personas con movilidad reducida y no solo con discapacidad.

Se trata en estos casos de personas que tienen alguna dificultad para realizar cualquier actividad dentro de su vida diaria, necesitando ayuda de otra persona o recurriendo a elementos de apoyo. La movilidad reducida afecta a numerosas personas en todo el mundo, siendo la limitación de capacidad de movimiento a la hora de desplazarse, realizar algunas actividades de la vida cotidiana y participar activamente en la sociedad. Con el apoyo y los recursos necesarios, además de una mayor conciencia por parte de la población, es posible hacer que su calidad de vida mejore.

Son muchas las personas que se encuentran con dificultades a la hora de moverse con libertad, ya sea por haber sufrido una lesión temporal, padecer una discapacidad o simplemente a consecuencia del paso del tiempo. A este colectivo se le conoce en la actualidad como personas con movilidad reducida o PMR. La inclusión y la accesibilidad de estas personas no dependen únicamente de las leyes o ayudas que puedan conseguir; implica que se proporcionen soluciones reales para eliminar barreras y se facilite la participación plena de todas las personas en la sociedad.

¿Qué es una persona con PMR?

Para conocer lo que implica ser una persona con movilidad reducida, los grados que existen y las barreras con las que se enfrentan en su día a día, nos hemos acercado a Cuidaria, donde el cuidado de las personas es fundamental y se ocupa de ofrecer las mejores soluciones para las diferentes limitaciones que surgen en el día a día, como camas articuladas o sillas de ruedas.

Lo primero que hay que tener muy claro es que una persona con PMR es la que tiene limitada la capacidad para desplazarse de manera autónoma y segura, a consecuencia de una discapacidad física, sensorial, intelectual o psíquica, así como otra serie de razones como la edad, un embarazo de riesgo o una lesión de carácter temporal.

Se trata de un concepto mucho más amplio que el de discapacidad, debido a que dentro del mismo se incluyen todas las personas que por la circunstancia que sea, se enfrentan a barreras en su movilidad. La Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF) reconoce la diversidad existente y la consiguiente necesidad de adaptar los entornos para poder garantizar una accesibilidad universal.

Para obtener el reconocimiento como persona con movilidad reducida, se tienen en cuenta varios factores. En primer lugar, las valoraciones médicas o funcionales, en las que los profesionales de la salud determinan hasta qué punto afecta una condición a la capacidad de la persona para moverse. Partiendo de esta base, la persona interesada puede solicitar un certificado de discapacidad o una resolución de movilidad reducida, ambos documentos oficiales que abren la puerta para obtener adaptaciones y ayudas.

Disponer de este reconocimiento permite el acceso de estas personas a derechos como el uso de las tarjetas de estacionamiento para personas con movilidad reducida, servicios especiales de transporte público o adaptaciones en el trabajo o el entorno educativo.

Padecer movilidad reducida es algo que puede manifestarse de varias formas, en función de las causas y la duración de la limitación. En ocasiones se trata de una limitación temporal, como la que se produce por una operación; en otras, permanente, como puede ser cuando se padece una afección neurológica irreversible.

Los tipos de movilidad reducida más habituales son:

  • La movilidad reducida permanente que afecta a aquellos que sufren una condición irreversible, como la parálisis medular, la amputación de un miembro o una enfermedad neurológica. Su día a día implica adaptaciones continuas, desde rampas hasta ayuda técnica.
  • La movilidad reducida temporal, en la que se incluyen las personas que se encuentran en recuperación tras una intervención quirúrgica, una fractura o un embarazo de riesgo, por citar unos ejemplos. Se trata de problemas que no son para siempre, pero durante un tiempo necesitan apoyos para poder moverse.
  • La movilidad reducida por el envejecimiento, ya que la edad lleva consigo cambios físicos que afectan a la autonomía, como puede ser la pérdida de masa muscular o sufrir problemas en las articulaciones. Son muchas las personas mayores que, aunque no recurran a la silla de ruedas, avanzan lentamente y pueden requerir de un andador o entornos libres de obstáculos.
  • La movilidad reducida por causas externas o del entorno que no supone una condición intrínseca a la persona; se trata de barreras que impone el entorno, como la arquitectura urbana no accesible, los edificios sin ascensor, el transporte público no adaptado o la falta de asientos reservados. En estos casos, la limitación se produce porque no existen estructuras accesibles y no hay discapacidad en sí.

A qué se enfrentan las personas con PMR

No podemos ignorar que todos, en algún momento de nuestra vida, podemos ser personas con movilidad reducida, aunque sea de manera temporal. Además de que no estamos libres de padecer alguno de los problemas que desembocan en esta falta de movilidad. Aunque los avances en cuestión legislativa han mejorado la accesibilidad, estas personas se encuentran diariamente con diversos tipos de barreras.

Las barreras físicas como los bordillos muy altos y sin rampas, las escaleras sin alternativa accesible, las puertas estrechas o los ascensores escasos en los espacios públicos. Un pequeño escalón puede ser la diferencia entre entrar o irse.

En el transporte existen barreras como los andenes sin ascensor, autobuses o trenes que no cuentan con plataformas bajas, paradas que no tienen espacio suficiente para la silla de ruedas o falta de asistencia en las estaciones y aeropuertos.

Existen también barreras digitales o de comunicación, como las páginas web que no ponen etiquetas para lectores de pantallas, aplicaciones móviles con un menú confuso o la falta de subtítulos en los contenidos de carácter audiovisual.

Por último, encontramos las barreras sociales o laborales. La falta de sensibilización puede provocar actitudes excluyentes como un puesto de trabajo inaccesible, la negativa a adaptar horarios o espacios o simplemente creer que no se pueden desempeñar ciertas tareas.

Afortunadamente, las personas con movilidad reducida se encuentran a día de hoy reconocidas dentro de las diferentes leyes y convenios. Si bien es cierto que, en muchas ocasiones, se desconocen estos reconocimientos. Veamos a continuación algunos de esos derechos con los que cuentan las personas con movilidad reducida:

  • Plazas de aparcamiento reservadas. Las tarjetas de movilidad reducida permiten el acceso a los espacios de estacionamiento cercanos a destinos como hospitales, centros administrativos o centros comerciales. Para obtenerla, hay que contar con un certificado que acredite la limitación y se cumplan los requisitos establecidos.
  • Prioridad y asistencia en el transporte público. Las PMR tienen derecho a acceder a trenes, autobuses y metro de manera prioritaria, así como al uso de los asientos reservados. En muchas ciudades cuentan con servicios de asistencia que facilitan el acceso a las estaciones o acompañan a los usuarios en el desplazamiento.
  • Accesibilidad universal, que implica que los edificios públicos, centros educativos, comercios y entornos digitales se deben diseñar para que estas personas puedan acceder y moverse sin necesidad de ayuda. Esto va desde las rampas y ascensores hasta las páginas web adaptadas a lectores de pantalla.
  • Ayudas técnicas y productos de apoyo, en lo que se incluye la posibilidad de acceder en silla de ruedas, andadores, prótesis, audífonos o dispositivos que faciliten la movilidad. En muchos casos, este tipo de ayudas los cubre total o parcialmente la Seguridad Social o programas de apoyo municipales.
  • Reconocimiento legal y administrativo. Obtener un certificado de discapacidad igual o superior al 33% permite el acceso a ayudas económicas o subvenciones, avala la necesidad de adaptaciones específicas en el entorno laboral, educativo o social.
  • Protección frente a la discriminación. Con leyes como la Ley General de Derechos de las Personas con Discapacidad, se prohíbe cualquier tipo de trato que se considere discriminatorio por tener movilidad reducida. Esto cubre desde la contratación para un puesto de trabajo hasta la atención sanitaria y el acceso a los servicios públicos.

En definitiva, la movilidad reducida tiene un impacto en las personas que la padecen. Condiciona notablemente el hecho de no poder realizar las tareas cotidianas de forma autónoma. Estas personas pueden experimentar, además de las limitaciones físicas, dificultades a nivel social, económico y emocional. La falta de oportunidad laboral, el acceso a los estudios o el sentimiento de aislamiento hacen que la participación en la sociedad sea más difícil. Tenerlas en cuenta y apoyarlas cuando sea necesario es algo que toda la sociedad debe hacer.

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