Y aquí estoy, sentada en una cafetería con mi croissant y mi café de siempre… Mi rutina durante años, pero que estoy viendo que voy a tener que ir dejando, pero ya. Me pedí este café con leche como siempre, le he dado dos sorbos y ya tengo el estómago raro. Lo he hecho como lo hago todos los días, a ver si hoy me sienta bien. Me da coraje tener que dejar una de las cosas que más me gustaba hacer por las mañanas.
Hace unos días me pedí un Cola Cao, por cambiar… Y nada. Yo era de las que antes se tomaba tres o cuatro cafés al día, dulces, salsas fuertes, un buen plato de potaje y me quedaba tan tranquila. Ahora está visto que no. Ahora cualquier cosa me sienta mal y tengo el estómago como revuelto casi todos los días.
Unas veces voy al baño mal… otras no voy. Me duele la barriga. Ya no soporto el ajo, ni la cebolla cruda en la ensalada. Y, aquí, en mi cafetería de siempre, me he dispuesto a escribir sobre ello. Porque, aunque ya sepa lo que me está pasando, me resisto a cambiar, como el resto de los seres humanos.
¿Por qué nos está pasando esto a la mayoría de nosotros?
He oído de todo… Me han dicho que cuando pasas de los treinta el cuerpo ya empieza a resentirse de los abusos, pero tengo 31, ni que esto fuera un reloj. Me han dicho que puedo ser intolerante a la lactosa… Pues si es por eso tengo que tener muchas intolerancias, porque la cebolla no tiene lactosa… ni la mostaza ¿o sí?
Además, no me sentaban mal estas cosas hace un año… ¿Qué me ha pasado? Puede que a algunas personas si que les haya pasado por abusar o por la edad, las intolerancias, yo que sé…. Pero soy joven, tampoco he abusado mucho (creo) y no soy intolerante a nada…
Entonces me puse a analizar toda mi vida para ver qué había cambiado. Un día recordé a una amiga mía de la universidad a la que cada vez que había un examen importante le sentaba mal el desayuno e iba corriendo al baño y ahí caí. ¿A partir de los 30? ¿Qué pasa a partir de los 30? La mayoría de personas tienen hijos, trabajos fijos, hipotecas… y mucha responsabilidad… ¡El estrés!
Ahí es cuando me di cuenta de que hacía tiempo que no comía tranquila como antes… En plan sentarme, sin móvil, sin prisas, saboreándolo todo bien, riéndome. Ya casi nunca. Normalmente como trabajando, mirando el móvil, contestando mensajes o directamente de pie en la cocina porque voy a llegar tarde a algún sitio.
Pero bueno si fuera solo comer, al pensarlo bien, me doy cuenta de que tampoco duermo bien ni profundo desde hace tiempo. No tengo las conversaciones relajadas o profundas que tenía antes. Lo que son los procesos físicos del cuerpo, como que no les estoy prestando la atención que debería.
Me salto horas de sueño, como cualquier cosa, otros días duermo siestas largas, de esas de tres horas, que al levantarte te pones a pensar si es ya de día… Me pego atracones nocturnos de porquería, otros días quiero comer muy bien y me como tres barritas digestive para desayunar y me quedo con hambre.
Cuando me di cuenta de todo esto, entendí lo que me estaba pasando. Por estrés, compromisos sociales, prisas y caprichos, estamos llevándonos a la boca cualquier cosa y olvidando por completo los procesos naturales de nuestro cuerpo.
El cuerpo es un sistema vivo
Muchas veces no somos conscientes de que nuestro cuerpo funciona por encima de lo que pensamos o hacemos. Es un proceso automático que lo hace casi todo solo. Tú no te pones a pensar, voy a hacer la digestión para hacerla, o voy a poner el corazón a latir más rápido para poder correr. Pero sí que necesita nuestra ayuda en algunas (la higiene, la alimentación y el descanso).
Y no son cosas que hagamos de forma natural y fácil, lo ponemos todo demasiado difícil para él. Cuando somos adultos, siempre hay algo más importante que ocuparnos de nuestras necesidades básicas. “Necesito ir al baño” … “Bah, me aguanto un rato, tengo que terminar esto”, “Tengo mucha hambre por todo lo que he estudiado” … “Bah, me como el pedazo de paquete de patatas este, que no quiero ponerme a cocinar ahora”. Y así vamos.
Nuestro cuerpo es maravilloso, pero casi nunca lo cuidamos. Por ejemplo, cuando empecé a informarme un poco, descubrí que dentro del intestino hay un montón de bacterias que están ahí ayudando al cuerpo a digerir los alimentos. Yo pensaba que el órgano en sí digería los alimentos y las paredes del intestino absorbían los nutrientes. No tenía ni idea de todo esto.
Son bacterias que no forman parte del órgano en sí, sino que viven allí, pero ayudan a la digestión. Te las puedes cargar directamente con antibióticos y con ciertas cosas que comas. Y lo más curioso es que eso tu cuerpo lo nota y influye hasta en cómo te sientes.
Cuando todo está bien, tú comes y ya está, haces la digestión normal y ni te enteras. Pero cuando eso se desajusta o perjudicas a esas bacterias, empiezan los problemas: te hinchas, tienes gases, te sientes pesada, te cambia el ritmo intestinal… y acabas pensando que tienes una intolerancia o que es que ya has cumplido los 30 años.
No es solo alimentarse, es cómo nos sentimos cuando lo hacemos
El estrés es un estado de alerta constante del organismo. Tu lo notas en que no paras de mover la pierna cuando estás sentada, en que te comes las uñas o en que te enfadas por tonterías. Pero el cuerpo lo nota de otra forma que tu no percibes.
Tu mente percibe la amenaza (no voy a tener tiempo de terminar el trabajo para mañana, o si mi jefe me ve aquí hablando con la compañera sin hacer nada me va a echar). Y tu cerebro envía una señal a tu organismo para que se prepare para enfrentar ¡una amenaza física!
En eso el cuerpo está totalmente desajustado con la mente, no entiende de los desafíos mentales actuales, el solo entiende de correr, luchar y ponerse a salvo. Eso hace que cuando comemos, lo hagamos en modo supervivencia. Rápido, sin prestar atención, la digestión se hace rápido y superficialmente, y la evacuación puede ser rápida para no perder recursos energéticos que puedas necesitar después, en digerirla bien. O puede retenerse y causar estreñimiento para que no tengas que pararte al ir al baño. También te quita el hambre, o hace que te des atracones rápidos o que comas cualquier cosa.
Esto es el estrés, señores… y éste es nuestro cuerpo. Es hora de entenderlo.
Otra cosa es lo que nos llevamos a la boca
Los alimentos que tenemos actualmente son de lo peor.
Muchos ultraprocesados, muchísimo azúcar, muchos “E” por toda la etiqueta, muchos pesticidas para que las manzanas no tengan ni un gusano… Tantos que ni los gusanos se las quieren comer. Cada vez comemos más comida rápida, por falta de tiempo para cocinar, muchas bebidas energéticas por falta de energía para hacer todo lo que hacemos. ¿Qué somos máquinas o qué?
Lo bueno de todo esto es que, si es esto lo que nos está pasando, podemos ponerle solución.
Entendiendo lo que me empezó a pasar hace un año
Muchas veces después de comer ciertas cosas acababa hinchada. Yo pensaba que era normal. Pero cada vez pasaba más veces, hasta que acabé como ahora.
Lo del irme al baño de esa forma, unos días sí, otros días no, a veces rápido, a veces nada. Eso sí que no lo entendía y ahora lo comprendo perfectamente. Incluso la piel, que la tenía más apagada en ciertas épocas, o estaba de mal humor sin motivos.
Resulta que todo esto me estaba empezando a avisar desde hacía ya un tiempo. Solo que empezó por ocasiones y cada vez era más frecuente… Hasta que ahora es lo normal.
Cosas que me estoy atreviendo a hacer diferente
A ver, he empezado el artículo tomándome un café y un croissant… No quiero ser hipócrita y decir que ahora mi vida es perfecta y que no hago nada de lo que hacía antes, pero sí que lo intento, aunque sea de forma irregular. Y, a veces, noto mejoría.
Estoy intentando ser consciente de la comida que como y masticar más despacio. La verdad es que, masticar bien cambia bastante. También he metido más verduras y fruta en la merienda y la cena.
He tirado algunas porquerías de las que tenía en el armario de la cocina (dulces, paquetes de patatas), puede que de vez en cuando me compre alguno, pero no voy a abusar, “lo prometo”.
Juro que he intentado dejar el café, pero me puede. Paso de tomarme una manzanilla, por tomarme algo calentito por la mañana, porque el Cola Cao también me sienta mal. Aunque si me sigue sentando así, voy a tener que dejarlo…
Y a la hora de dormir, me levanto a las siete y media todos los días. Eso hace que, sobre las doce, ya me esté entrando bastante sueño. Funciona, la verdad.
También podemos ayudar a la microbiota de vez en cuando
Hablé de este tema con mi amiga, y me dijo que había estado buscando por internet y que acabó en la página web de PROBACTIS, y que daban consejos bastante buenos sobre ayudar al microbiota.
Insistían mucho en comer más fibra y comer alimentos fermentados. Por lo visto, esto último ayuda mucho a hacer proliferar las bacterias buenas del intestino y a hacer mejor la digestión. Así que me voy a ir al supermercado antes de comer y me voy a comprar un montón de yogures.
Eran cosas que no sabía, así que las aplicaré.
El cuerpo tiene sus reglas, diga lo que diga la mente
Somos un cuerpo con cabeza, no una cabeza con cuerpo. Está bien que esta de aquí arriba dirija tu vida, pero los procesos naturales del cuerpo deben respetarse porque son sagrados. Eso si nos queremos sentir bien y no como si fuéramos unos viejos.
Sé que podemos darnos un capricho de vez en cuando, pero hay que pensar, si los caprichos no nos están haciendo pasar un mal rato de horas o incluso días, por el pequeño placer de dar tres bocaditos deliciosos.
Tener cabeza y pensar en nuestro bienestar físico, creo que es mejor que provocarnos una enfermedad, ¿no creéis?

