He pasado gran parte de mi vida con problemas en los dientes, pero siempre he ido muy poco al dentista. Era de los de aguantarme y, cuando me dolÃan un poquito, me ponÃa a lavármelos como loco. Muchas veces dejaban de dolerme, pero no era suficiente.
Las veces que fui al dentista tenÃa media boca picada y tenÃan que arreglármela entera. Puedo decir hoy en dÃa, a mis 57 años, que entiendo perfectamente por qué me ha pasado esto… He abusado mucho de los dulces y las ensaladas. Mis dos cosas favoritas. He tardado horas en lavarme los dientes después de las comidas… Y mucho pero que mucho picoteo.
Te voy a contar mi odisea con la dentadura, porque sé que muchos de vosotros sois como yo. A ver si os puedo evitar esto, porque no se lo deseo a nadie.
Mis malas manÃas de adolescente
Ya de adolescente tenÃa una relación bastante peculiar con mi boca, aunque en ese momento ni lo veÃa ni me importaba. Me pasaba horas masticando chicle… pero lo acompañaba con caramelos, uno tras otro, como si no hubiera mañana. Era casi una rutina: chicle en la boca, cogÃa un caramelo y lo masticaba mezclándolo con el chicle, asà recuperaba el sabor, pensaba… Que tonto era. El azúcar se me quedaba continuamente pegado a los dientes, durante toda la mañana o la tarde… una y otra vez. Y yo tan tranquilo, pensando en lo ricos que estaban.
Otra cosa era lo de picar a todas horas. AbrÃa la nevera, cogÃa algo dulce, luego algo salado, luego otra cosa… y asà durante toda la tarde. Nunca dejaba a los dientes en paz. Siempre habÃa algo entre ellos, siempre habÃa comida, siempre habÃa restos. Ni pensaba en las consecuencias que me traerÃa aquello.
Tampoco es que me lavara muchos los dientes. Lo hacÃa cuando me acordaba, o cuando notaba la boca rara. Era más un gesto rápido que un cuidado real. Nadie me habÃa enseñado bien, y yo tampoco me preocupé por aprender.
Hoy entiendo que todo lo que me pasó fue la suma de continuas malas decisiones y costumbres, mantenidas durante años.
Siempre he sido un dejado
Con los años, en lugar de mejorar, fui a peor. Me convertà en una persona bastante dejada con mi salud en general, y con la boca en particular. Empecé a salir más, a pasar tardes enteras y noches con amigos, y aquello trajo consigo otras cosas: alcohol, tabaco… Vamos lo que hacÃan todos.
HabÃa noches en las que volvÃa a casa bastante tarde, estaba cansado, con la boca seca del tabaco y el alcohol… y lo último que me apetecÃa era ponerme a cepillarme los dientes. Y asà dÃa tras dÃa, semana tras semana. Tampoco le presté mucha atención.
El tabaco, encima me manchaba los dientes y también me iba destrozando las encÃas poco a poco. Pero claro, eso no lo veÃa o no lo querÃa ver. Como no me dolÃa ni nada al principio, pues también me daba igual.
La comodidad y la pereza acabó por pasarme factura al final… Bueno, al final, he estado lidiando con las consecuencias desde hace mucho, pero ya no hay vuelta atrás.
Prisas y estrés continuo con el trabajo y los niños
Luego llegó la etapa adulta de verdad: trabajo, responsabilidades, hijos… y todo se complicó todavÃa más. Siempre iba con prisa, siempre habÃa algo que tenÃa que hacer. Cuando podÃa parar un poco, caÃa en las garras de sofá, la cama o la televisión, y también dejé mi boca para lo último.
Entre el trabajo y los niños, apenas tenÃa un momento para mÃ. Desayunaba rápido, comÃa tarde y muchas veces de cualquier manera. Y seguÃa con el picoteo, algo rápido entre tarea y tarea. Un dulce, una chocolatina, lo que fuera me apeteciera en ese momento.
Y, por supuesto, seguÃa fumando. Puede que menos que antes, pero era mi escape de lo que me agobiaba… Lo necesitaba.
Los dolores que tenÃa después de comer
Con el tiempo, empezaron las consecuencias. Primero eran pequeñas molestias después de comer. Un pinchazo en una muela, una sensibilidad con el frÃo o el calor. En esas ocasiones me lavaba los dientes, pasaba el hijo y usaba el enjuague… Y muchas veces la molestia mejoraba y desaparecÃa.
Pero volvÃan. Y cada vez un poco más intensas o duraban más. HabÃa dÃas en los que masticar por un lado se hacÃa incómodo, pero simplemente cambiaba al otro lado de la boca. Me adaptaba en lugar de solucionar el problema.
SabÃa, en el fondo, que tenÃa caries. Eso se nota. Pero, entre que no querÃa ir al dentista y que muchas veces no tenÃa el dinero en ese momento, lo iba posponiendo.
Y cuando por fin iba, cada cuatro o cinco años, aquello era un desastre. No era una caries, eran varias. Algunas profundas. Me hacÃan empastes, pero también endodoncias. Cuando el dentista acababa conmigo, salÃa orgulloso y pensando que estaba cuidando mi salud… Pero luego seguÃa con mis manÃas. Era como arreglar una casa que se cae a trozos, pero solo pintando las paredes.
La primera vez que me sacaron una muela
En la clÃnica Dental Jesús Mora, fue la primera vez que me dijeron que habÃa que sacar una muela, sinceramente, me lo esperaba. Ya habÃa pasado por unas cuantas endodoncias y dolores de muelas. Era cierto, que llevaba ya unos años que me cuidaba más la boca… Pero estaba claro que no era suficiente.
La muela estaba muy dañada. No habÃa solución. Me explicaron que la infección era demasiado grande y no se podÃa salvar, asà que no quedó otra.
El dÃa de la extracción estaba nervioso. No sabÃa si me iba a doler, si iba a sentirme raro sin muela después… En fin, cuando salà de la consulta, sentà alivio porque no me habÃa dolido, pero no me habÃa gustado nada la experiencia. TenÃa miedo de tener que hacerlo más veces
La primera de muchas
Y efectivamente, tuve que hacerlo más veces. Aquella muela fue solo la primera. Con el paso de los años, empezaron a caer más. Algunas por caries enormes que ya no tenÃan arreglo, otras porque simplemente la estructura del diente estaba demasiado dañada.
Cada vez que me decÃan que habÃa que quitar otra. Ya intentaba aguantar, buscaba alternativas, pero muchas veces ya no habÃa nada que hacer. Y asÃ, poco a poco, mi boca empezó a cambiar.
Ya no sabÃa por qué lado masticar mejor, y también empezaba a tener complejos. Siempre habÃa ignorado mi boca y, ahora, no podÃa sacármela de la cabeza.
El daño que me habÃa hecho, las veces que me habÃa aguantado… Todo eso me acabó alcanzando con todas las consecuencias.
Cuando empezó la periodontitis
Hubo un dÃa en que me fijé que algunos dientes, por encima y por debajo estaban como más largos. TenÃa esa parte de las encÃas roja e inflamada y me dolÃa. A veces sangraban al cepillarme. Ahà sà que me asusté un poco más. Empecé a lavarme los dientes con más frecuencia, incluso a comer menos dulces. Pero no era suficiente, el daño ya estaba hecho.
Eso no se quedó ahÃ… Lo peor fue cuando los dientes empezaron a moverse un poco. Se separaban entre ellos. Notaba cambios al morder. No podÃa hacer nada.
La periodontitis no duele como una caries al principio, pero va avanzando y destruye el soporte de los dientes. Y cuando te das cuenta ya es tarde. Yo llegué bastante tarde.
Las consecuencias de una vida sin cuidarme
Cuando una de las muelas grandes que me quedaban empezó a moverse mucho, me asusté. Se me movÃan un poco los dientes, pero esta parecÃa como los sueños esos en los que te sacas los dientes de raÃz.
Ahà me asusté mucho. Pero en lugar de ir al dentista, hice lo que llevaba haciendo toda la vida: evitarlo. No querÃa que me dijeran que habÃa que quitarla. Y, si me veÃan los demás, a lo mejor me decÃan que también habÃa que extraerlos. Me quedarÃa sin dientes…
Ese fue, probablemente, el mayor error de todos los que cometÃ. Porque el problema empeoró mucho. En cuestión de tres meses, esa muela terminó cayendo… y después vinieron otras. El problema ya era general.
Cada vez tenÃa menos dientes, más dificultades, más molestias. Y ya no habÃa forma de mirar hacia otro lado. Todo lo que habÃa evitado durante años, me estaba cobrando la deuda definitivamente.
Las soluciones que me han propuesto a la caÃda de mis dientes
Cuando por fin afronté la situación, las soluciones que me plantearon no eran fáciles. Me hablaron de implantes, de prótesis, de tratamientos largos y caros…
Los implantes son una opción muy buena, pero requieren tiempo, dinero y una base ósea adecuada. En mi caso, después de tantos años, no siempre era posible sin tratamientos previos. Me explicaron todo bastante bien, pero no hacÃa falta que me explicaran nada. Con solo meterme algo en la boca para masticar, ya sabÃa que tenÃa un problema bien gordo.
También están las prótesis, las fijas y las removibles. No es lo mismo que tener tus dientes, pero puedes recuperar funcionalidad y masticar mejor. Esto es adaptarse.
Aún estás a tiempo de frenarlo
Si te ves reflejado en algo de lo que he contado, te lo digo de verdad: estás a tiempo. Aunque tengas algunas caries, aunque te sangren las encÃas, aunque lleves años sin ir al dentista… todavÃa puedes cambiar tus hábitos.
Yo pensaba que podÃa aguantar y ese fue mi error. Estas cosas no se arreglan solas. Siempre van a más. Y, cuanto más esperas, peor.
Ojalá alguien me hubiera contado esto asÃ, hace años. Por eso lo cuento yo ahora. Esto es una perdida de calidad de vida brutal… No hagas que te pase lo mismo que a mi.

